Con cerca de 460 vacas Jersey en ordeña, producción de lácteos a pocos metros de la sala de ordeña, paneles solares, reutilización de aguas, manejo de purines, hidroponía y hasta gallinas que ayudan a fertilizar las praderas, Playa Venado ha construido durante cuatro décadas un modelo productivo que busca combinar agricultura, tecnología, economía circular y cuidado ambiental. El proyecto también mira hacia una nueva generación que pretende continuar innovando.
Playa Venado: 40 años buscando una forma diferente de producir
Han pasado 40 años desde que comenzó la historia de Playa Venado y durante esas cuatro décadas dos conceptos han marcado su evolución: motivación e innovación.
La fórmula, explican desde el proyecto, ha consistido en aprender de la experiencia existente en el territorio y, posteriormente, incorporar tecnología y nuevas maneras de desarrollar la actividad agropecuaria.
“El eje central nuestro siempre ha sido una combinación de motivación y también de innovación”, explica uno de los responsables del campo.
Esa mirada permitió que la actividad original se expandiera progresivamente. Si el campo producía leche, surgió la posibilidad de procesarla; si estaba emplazado en una zona con actividad turística, apareció la alternativa de abrir sus puertas al agroturismo.
A ello se sumó el desarrollo de la genética animal. Actualmente, Playa Venado también funciona como banco ganadero y provee genética a otros agricultores.
Cerca de 460 vacas Jersey y una producción sincronizada con las praderas
La producción lechera es uno de los principales ejes del establecimiento.
Playa Venado mantiene alrededor de 460 vacas Jersey en ordeña y trabaja con un sistema de partos de primavera, concentrados entre julio y septiembre.
La estrategia busca sincronizar la producción con el período de mayor disponibilidad de pasto en el campo, cuyo peak se registra aproximadamente entre septiembre y noviembre.
La alimentación de los animales se basa principalmente en praderas, complementada con concentrado durante el ordeño.
A diferencia de otros sistemas productivos, el establecimiento no utiliza cultivos suplementarios como maíz ni basa su operación en un sistema TMR de alimentación confinada.
La decisión permite que las vacas permanezcan una parte importante de su tiempo directamente en las praderas, favoreciendo además que una proporción de sus residuos orgánicos quede naturalmente sobre el terreno.
De la vaca al queso: leche procesada a pocos metros del ordeño
Uno de los aspectos diferenciadores de Playa Venado es la integración entre la producción primaria y la elaboración de alimentos.
La leche obtenida diariamente es trasladada prácticamente de inmediato hacia la planta de lácteos ubicada dentro del mismo proyecto, donde se transforma en productos como quesos y manjar.
“Más fresco, imposible”, explican, debido a los pocos metros que separan la obtención de la leche del inicio de su proceso de pasteurización.
Esta integración permite mantener diferentes etapas de la cadena productiva dentro del mismo lugar y reducir los desplazamientos entre la obtención de la materia prima y su procesamiento.
Economía circular: los residuos vuelven a convertirse en recursos
El concepto de economía circular también está presente en el manejo de los residuos generados por la actividad ganadera y la planta de lácteos.
Las vacas ingresan dos veces al día a la sala de ordeña, donde se acumulan purines que posteriormente son retirados y conducidos hacia un sistema de almacenamiento y decantación.
En una primera etapa se concentra el material más sólido y posteriormente los residuos avanzan hacia un segundo sistema.
A este circuito se incorporan también determinados subproductos de la elaboración de lácteos, principalmente suero.
El objetivo es aprovechar estos materiales dentro del propio sistema productivo y transformarlos en recursos que contribuyan al desarrollo de las praderas.
Energía solar para el campo, las viviendas y la planta de lácteos
Una limitación eléctrica aceleró la apuesta por los paneles solares
La energía se convirtió en otro de los desafíos de Playa Venado.
El proyecto decidió avanzar hacia una caldera eléctrica para disminuir el consumo de gas, pero se encontró con una dificultad: la disponibilidad energética existente en el sector no permitía cubrir completamente los requerimientos de la nueva infraestructura.
La solución fue adelantar una inversión que inicialmente estaba contemplada para una etapa posterior: instalar paneles solares.
El sistema fotovoltaico lleva aproximadamente un año en funcionamiento y actualmente contribuye al abastecimiento energético de la producción del campo, las viviendas, la planta de lácteos y la caldera eléctrica.
La apuesta forma parte de un objetivo mayor: conseguir que la producción de leche y derivados tenga un menor impacto ambiental y energético.
Playa Venado reutiliza aguas tratadas para regar cerca del 60% de su huerta
El aprovechamiento del agua constituye otro componente del modelo.
Playa Venado dispone de una planta destinada al tratamiento de aguas grises y negras provenientes de lavados, instalaciones productivas, baños y viviendas.
El agua atraviesa diferentes etapas de decantación y posteriormente un tratamiento biológico donde intervienen bacterias aeróbicas y anaeróbicas, encargadas de degradar la materia orgánica.
Tras completar el proceso, una parte del recurso vuelve a utilizarse.
Durante la temporada de riego, que se extiende aproximadamente entre noviembre y marzo, el agua tratada se destina principalmente a árboles frutales, frambuesas y otros cultivos de la huerta.
Según lo explicado por el proyecto, alrededor del 60% de la huerta se riega utilizando agua recuperada mediante este sistema.
Así, un recurso que de otra manera terminaría como descarte vuelve a incorporarse al ciclo productivo.
Hidroponía vertical para aprovechar mejor el espacio y el agua
La huerta de Playa Venado también incorpora torres de hidroponía vertical, donde se cultivan distintas variedades de lechugas.
Este sistema permite producir aprovechando la altura y reduciendo el espacio requerido en comparación con sistemas horizontales.
Las torres mantienen un circuito de agua al que periódicamente se incorpora una solución nutritiva.
El sistema requiere electricidad, pero parte de esa demanda puede ser cubierta gracias a la generación fotovoltaica del propio campo.
Las “gallinas gitanas” que siguen a las terneras y fertilizan las praderas
Entre las innovaciones más llamativas de Playa Venado aparecen las denominadas “gallinas gitanas”.
El nombre se debe a que su gallinero móvil se desplaza por las praderas siguiendo el recorrido de las terneras.
Cuando estas abandonan un potrero, ingresan las gallinas.
Las aves buscan insectos, gusanos y larvas presentes en el suelo y, durante ese proceso, escarban los residuos dejados por los bovinos, ayudando a incorporarlos a la tierra.
Además, las propias gallinas aportan materia orgánica, contribuyendo a la fertilización de las praderas.
La lógica se extiende incluso a otros animales del campo. La lana de las ovejas, por ejemplo, también encuentra nuevos usos dentro de la huerta.
Agroturismo: un campo productivo que también quiere enseñar
Playa Venado no ha limitado su desarrollo exclusivamente a la actividad agropecuaria.
Con el paso de los años incorporó también el agroturismo, abriendo el campo a visitantes y transformando parte de su funcionamiento en una experiencia educativa.
La idea es que quienes recorran el lugar puedan conocer cómo se produce, cómo se reutilizan los recursos y de qué manera diferentes actividades pueden integrarse dentro de un mismo sistema.
“Que la gente venga, lo pase bien, pero que también aprenda y se vaya con algo”, explican.
La innovación tampoco significa necesariamente abandonar las tradiciones.
Un ejemplo está en la elaboración del manjar, que mantiene una receta basada esencialmente en leche y azúcar, reivindicando una preparación asociada a generaciones anteriores.
El próximo desafío: asegurar el recambio generacional
Después de cuatro décadas, Playa Venado comienza a enfrentar otro de los grandes desafíos de las empresas agrícolas familiares: el recambio generacional.
La existencia de una nueva generación interesada en continuar con el proyecto abre la posibilidad de mantener su desarrollo y, al mismo tiempo, incorporar nuevas ideas.
La aspiración es que quienes continúen el trabajo mantengan la capacidad de experimentar, innovar y buscar nuevas soluciones.
Por ello, el legado que sus impulsores esperan dejar va más allá de la infraestructura, el ganado o los productos.
“Mi legado podría ser dejar una escuela de entusiasmo”, señala uno de sus responsables.
Una frase que sintetiza cuatro décadas de evolución de Playa Venado, donde la producción lechera, el agua, los residuos orgánicos, la energía solar, la huerta, los animales y el turismo forman parte de un modelo que intenta producir pensando también en quienes vendrán después.
